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19:24h. Sábado, 16 de Febrero de 2019

Mi Camino – Segunda parte: O Cebreiro-Santiago

Ya sea por su paisaje, por su gente o su gastronomía, Galicia  tiene algo que engancha. No sólo lo digo yo, lo dicen muchas personas. En este instante del Camino se empiezan a juntar multitud de peregrinos: unos son nuevos y a otros te los vuelves a encontrar o ya los tienes localizados de otros albergues. Todos estamos a punto de lograr nuestro objetivo.

Ya sea por su paisaje, por su gente o su gastronomía, Galicia  tiene algo que engancha. No sólo lo digo yo, lo dicen muchas personas. En este instante del Camino se empiezan a juntar multitud de peregrinos: unos son nuevos y a otros te los vuelves a encontrar o ya los tienes localizados de otros albergues. Todos estamos a punto de lograr nuestro objetivo. Nos encontramos a muy pocos kilómetros de alcanzar la gloria, de superar nuestras lesiones: estamos llegando a Santiago.

La verdad es que el buen tiempo me acompañó en casi todas las etapas, exceptuando un par de días y, cómo no, la llegada a Santiago. Tuve la gran suerte de ver la grandeza de los verdes paisajes; enormes y viejos castaños en su máximo esplendor, parras quemadas por el sol, inacabables montañas... Y vacas, muchas vacas.

En estas etapas lo importante era saborear bien todo lo que hacía, desde el amanecer hasta el anochecer, disfrutar de lo que veía. Todo era vertiginosamente verde, rural y campestre.

Era curioso encontrarse con una ciudad grande entre montaña y montaña, como es el caso de Sarria. Parece imposible llegar a un lugar así después de caminar durante ocho horas, en las que has atravesado montañas, praderas y ríos. Esperas encontrar un pueblecito, pero no, llegas a una gran ciudad.

Recorres localidades tan interesantes como Portomarín, con su catedral reconstruida piedra a piedra junto al río Miño; Melide, con sus fabulosas pulperías, donde es obligatorio parar y almorzar en Ezequiel; pueblos tan estremecedores como Fonfría, donde mientras cenas ves cómo el pastor, su perro y el rebaño se recogen para descansar; Salceda y el mojón 25....

Supongo que la última etapa, el último día, los últimos kilómetros, quedarán para siempre en la memoria de cualquier peregrino. En esta última y larga travesía haces recuento de lo vivido, de lo experimentado, de lo que has logrado. Es como si fuese 31 de diciembre y realizaras un balance del año, el balance de Mi Camino.

La llegada a Santiago se hace larga, ya que es tal el deseo y las ganas de acabar que lo que vienes haciendo desde días atrás sin rechistar ahora lo efectúas diciendo: “¿pero aún no?”

La entrada al casco antiguo es estremecedora. Siempre hay un gaitero tocando su gaita en una de las escalinatas de la catedral. Esto hace que el bello se ponga de punta. Al final de la escalinata está tu objetivo, tú última flecha amarilla, el mojón Km. 0,0 del Camino: la plaza del Obradoiro, Santiago de Compostela.