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14:00h. lunes, 21 de septiembre de 2020

Cinco consejos para prevenir y evitar las contracturas musculares

Las contracturas son, en sí mismas, un aumento del tono muscular de forma mantenida e involuntaria que acaba produciendo dolor. Las malas posturas, la falta de ejercicio o incluso una hidratación deficiente pueden ser los principales aliados de estas dolorosas alteraciones.

Foto: iStockphoto / Thinkstock
Foto: iStockphoto / Thinkstock

Según explica Ramón Aiguadé, fisioterapeuta y tesorero del Colegio de Fisioterapeutas de Cataluña, la contractura es un acortamiento muscular que no permite el funcionamiento normal de los músculos y que en la población general se presenta de forma más común en cuello y espalda. "En las extremidades como brazos y piernas estas contracturas son menos frecuentes salvo en el ámbito del deporte, como sucede en el caso de tenistas o futbolistas, por ejemplo", aclara el fisioterapeuta.

Tres son las principales características de las contracturas: dolor, pérdida del funcionamiento muscular y cambios en la postura.

En el cuello se ven implicados desde la parte trasera superior de la espalda, el músculo trapecio que moviliza a cuello y hombro y el músculo esternocleidomastoideo que comunica la parte delantera, cuello, clavícula y alcanza hasta la parte trasera de la oreja. En la espalda, dos conjuntos musculares son los más afectados: el de los músculos paravertebrales y la musculatura del cuadrado lumbar. Estos músculos atraviesan varias articulaciones y, además, las muchas vértebras que existen en la espalda llevan a que sea más fácil un mal posicionamiento que provoque que una vértebra trabaje más y haya un grupo de fibras dentro de los músculos que se utilicen en exceso.

Los paravertebrales son un grupo de músculos pegados a las vértebras cuya función principal es la estabilización del cuerpo. Las contracturas lumbares están asociadas a los músculos del cuadrado lumbar que se sobrecargan si se ha perdido la fuerza en la musculatura abdominal y la sincronía en el movimiento que requiere que los músculos del abdomen sean los primeros en actuar para dar soporte a otras acciones de la musculatura central del cuerpo.

 

Principales características

"Las contracturas son muy comunes y a veces incluso asintomáticas, todos las tenemos. Por estrés o preocupación, aumenta el tono muscular y se produce dolor", señala Aiguadé.

Tres son las principales características de las contracturas: dolor, pérdida del funcionamiento muscular y cambios en la postura. Se produce así una disminución de la fuerza muscular, no se puede elongar el músculo y con ello se pierde movilidad.

 

Consejos de prevención

La medicina convencional trata las contracturas con analgésicos para quitar el dolor pero no se centra en la lesión primaria, por lo que estos medicamentos no actúan sobre el tono muscular, para el que se emplean fármacos más agresivos como los miorelajantes. Desde la consulta de fisioterapia se realizan masajes descontracturantes y técnicas como la fibrolisis instrumental o la compresión isquémica.

Ramón Aiguadé apunta algunos consejos para prevenir las contracturas:

1. Incluir en nuestra vida diaria la higiene postural; esto supone realizar cambios en la postura cada cierto tiempo y evitar así las posturas mantenidas.

2. Realizar estiramientos cada dos horas durante unos dos o tres minutos: los estiramientos deben ser suaves, prolongados y progresivos. Hay que evitar los estiramientos musculares rápidos y los movimientos elásticos que se producen al elongar demasiado el músculo (estiramientos con rebote), ya que podrían producirse contracturas y roturas microfibrilares.

3. Tener una ingesta de agua adecuada: la deshidratación aumenta la probabilidad de calambres. Hay que beber agua a lo largo de todo el día y no tomarla toda de golpe o sólo durante las comidas.

4. Dieta equilibrada: dentro de una dieta variada no hay que eliminar por completo la sal, ya que es necesaria para la contracción muscular y su ausencia lleva a la aparición de calambres.

5. Evitar las situaciones de estrés dentro de lo posible y cumplir con las horas necesarias de sueño.

"Las contracturas mantenidas y sin tratar pueden llegar a provocar problemas de artrosis y degeneración articular, además de cambios posturales que hacen que el cuerpo entre en un círculo vicioso muy perjudicial que mantiene la contractura y la empeora", concluye el fisioterapeuta.