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07:38h. lunes, 06 de julio de 2020

Las trampas de los organizadores

La primera vez que se lo oí decir a un compañero que corría junto a mí en una competición por el centro de Barcelona pensé que estaba de cachondeo.

La primera vez que se lo oí decir a un compañero que corría junto a mí en una competición por el centro de Barcelona pensé que estaba de cachondeo. Luego, al llegar a meta y recordarle su chiste me confesó que no, que estaba convencido de lo que decía, que no era ninguna broma, que esas personas que se pasean entre los corredores en mitad de un evento popular, entorpeciendo el ritmo y jugándose el físico, estaban contratadas por los organizadores para caldear el ambiente, igual que se contratan speakers, grupos de música, lavabos portátiles, liebres o batucadas.

Pasaron los días y seguí dándole vueltas a ese comentario. De entrada parece descabellado, pero también es verdad que cuesta creer que tanta gente tenga la necesidad imperiosa de cruzar tan temprano calles por las que en ese preciso momento transitan miles de personas sudorosas. Tampoco resulta demasiado razonable que, además de zigzaguear entre la multitud, algunos lleguen incluso a increpar a las masas con palabras fuera de tono.

Poco a poco he ido estudiando más el fenómeno y he llegado a la misma conclusión que mi amigo: efectivamente, se trata de gente contratada por la organización. Imagino que ahora debéis tener la misma expresión en la cara que la que tuve yo aquel día en el cruce entre Gran Via y Passeig de Gràcia, pero pensadlo fríamente y veréis la trampa.

¿No os resulta sospechoso que siempre sigan un mismo patrón? Si os fijáis, esos extras que se dedican a jugarse el pellejo en las carreras populares no tienen demasiada imaginación. Se caracterizan básicamente de dos maneras cuando actúan: como turistas que arrastran alguna maleta o como abuelos. En el primer caso no tienen mucho mérito y resultan poco creíbles, porque ya me dirás qué hace un guiri a eso de las nueve de la mañana de un domingo en según qué lugares. Sin embargo, a los que actúan como abuelos sí que les daba yo el Óscar, porque parece mentira la capacidad que tienen para combinar sus andares renqueantes con las prisas por llegar a vete a saber dónde.

Por tanto, una vez descubierta la artimaña, no os enfadéis si en la próxima prueba en la que participáis se os cruza algún turista con maletas o un par de abuelos impacientes: vosotros estáis disfrutando del deporte mientras que ellos tan sólo están trabajando.