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04:10h. sábado, 30 de mayo de 2020
Leí hace unos años una estadística curiosa que decía que más del 90% de las personas con carnet de conducir se reconocían a sí mismas como buenos conductores, al tiempo que afirmaban que el resto de automovilistas conducía muy mal. Me vino el otro día a la memoria este dato a propósito de un calificativo que se está poniendo de moda entre los runners, aunque procede del ciclismo.

Leí hace unos años una estadística curiosa que decía que más del 90% de las personas con carnet de conducir se reconocían a sí mismas como buenos conductores, al tiempo que afirmaban que el resto de automovilistas conducía muy mal.

Me vino el otro día a la memoria este dato a propósito de un calificativo que se está poniendo de moda entre los runners, aunque procede del ciclismo. Se trata de la palabra “globero”, que según el contexto puede tener varias acepciones que van desde lo positivo a lo peyorativo, aunque para el caso que nos ocupa vamos a abordarla desde esta última perspectiva.

Como el diccionario siempre va muy por detrás de la realidad popular y, por tanto, aún no nos puede dar ninguna certeza oficial, decidí preguntar a algunos bikers qué era para ellos ser un globero. Las respuestas que recibí aludían a quienes llevan la bicicleta más cara del mercado para luego ir a ritmo de paseo, los que van equipados como grandes profesionales y luego no saben ni arreglar un pinchazo, los que van de sabihondos y luego son unos paquetes, quienes no llevan depiladas las piernas, quienes hacen una salida de media hora justita para luego pegarse un almuerzo antológico que puede durar toda una mañana... Eso sí, nadie reconocía ser un globero en el sentido más negativo de la palabra, pero podían señalar con el dedo a millones de compañeros que sin duda lo son.

Si nos referimos al running, ¿qué sería un globero? Aquí también hice investigación de campo y pregunté a varios runners sobre esta palabreja que, por lo que parece, le está ganando terreno a otra más entrañable como es “futinguero”. Me contestaron que eran los que salían a correr con chándal del mercadillo y zapatillas de vestir, los que se cuelan en los cajones delanteros de las carreras para luego ir de paseo charlando con el amigo o mirándole el culo a las chicas que les adelantan (desconozco si existe la versión “globera” de esta definición), los que sólo corren los días 2-3 de enero y 2-3 de septiembre como propósito fugaz postnavideño o postvacacional de una vida más saludable, los que se gastan un montón de dinero en las marcas más caras para luego trotar a 8 minutos o más el kilómetro, los que no paran de hablar de marcas y records personales pero nadie les ha visto nunca en ninguna competición o salida con otros corredores, los que dicen que se han apuntado a todas las cursas importantes del mundo pero siempre les surge un imprevisto que les impide acudir, los que llevan la misma camiseta que te regalan en una prueba para correr en esa misma prueba, los que no llevan dorsal pero acaban con las existencias de agua o lo que ofrezcan los organizadores en los avituallamientos, los que recortan en las curvas y luego vuelven al camino oficial atropellando a cualquiera que se ponga por delante y un largo etcétera.

En definitiva, demasiadas acepciones para una misma palabra, aunque tampoco aquí encontré a nadie que se considerara a sí mismo como tal. El problema es que, por esa regla de tres, siempre habrá alguien mejor que tú que te podrá llamar globero. Por tanto, con todo el cariño, para matar aquí el tema y hasta que la RAE me demuestre lo contrario, globeros sois todos vosotros. Pero yo no, claro.